Pros
Trabajar en Leroy Merlin me dio la oportunidad de conocer a personas extraordinarias. Algunos compañeros y parte de mi equipo demostraron cada día una pasión genuina por lo que hacen, una energía contagiosa y una ética de trabajo intachable. Esa conexión humana, cuando aparece, marca la diferencia. Compartir retos con gente así es lo que hace que uno se levante con ganas, incluso en los días más duros.
Cons
Desafortunadamente, esa luz no llega a todas las capas de la organización. La dirección sigue operando con esquemas del siglo pasado: falta de escucha activa, micromachismos normalizados, escasa apuesta por la diversidad y profesionalidad cuestionable. La meritocracia brilla por su ausencia en algunos entornos, donde el favoritismo y las actitudes caciquiles condicionan las oportunidades y el ambiente laboral. La cultura de "Human First" queda en puro eslogan: los resultados van primero, cueste lo que cueste. Se realizan encuestas de satisfacción, pero no se actúa ante los resultados negativos. Se prioriza “sacar el trabajo adelante” incluso cuando eso significa ignorar normas básicas de seguridad y prevención de riesgos laborales. Además, me encontré con perfiles que atribuían méritos ajenos como propios con tal de escalar posiciones, dejando a su paso un ambiente cargado de desconfianza y frustración.