Primera toma de contacto telefónica y tres entrevistas con la empresa en paralelo al mediocre seguimiento por parte de Robert Walters. Sabían lo importante que es para mí un buen ambiente de trabajo y un equipo de buenas personas (y profesionales) y no dudaron al engañarme: el segundo día me dí cuenta de que estaba rodeada de malas personas y, algunas, poco profesionales. Le pedí ayuda para buscar otra posición e hicieron caso omiso, puesto que habían cobrado ya una cuantiosa comisión por mi incorporación.