Great for junior profiles - Administrative Proa Grup Employee Review

4.0
5 Jul 2024
Recommend
CEO approval
Business outlook

Pros

Unlike most big companys in Spain, Proa group does invest in younger not-so-experienced people, training them and providing them with stable and an okay-paid job.

Cons

You won't normally get a promotion by merit but by having connections with people at the top. Toxic working environment mostly with the commercial management and zero visibility and recognition of your hard work.

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1.0
22 Sept 2025
Recommend
CEO approval
Business outlook

Pros

Solo puedo rescatar una ventaja de Proa: que me hayan echado. De esta manera, puedo alertar a todo el mundo para que no acabe trabajando en sus oficinas.

Cons

Empecé a trabajar en Proa en junio de 2022. En aquel momento, me contrataron para formar parte del proyecto más diferencial de todo el grupo a nivel de marketing y comunicación. Una plataforma que daba sus primeros pasos mientras yo arrancaba mi andadura en la empresa. Podríamos decir que ese proyecto y yo crecimos juntos. Casi a la vez. La persona que llevaba las riendas de esa iniciativa se llama Josep Maria Triay Salamanca, y me parece más que necesario indicar su nombre porque mi crítica se vierte, en buena medida, sobre su persona. Sería una imprudencia profesional por mi parte no mencionarlo. Si alguien desea entrar en esta empresa, hará bien en conocer su nombre para mantener las distancias con él. Se trata de un peligro andante que no debería ocupar ningún cargo de responsabilidad en ningún lugar. Durante mi primer año en Proa, mi relación con Triay fue positiva: parecía valorar mi trabajo, decía tenerme confianza y no tuve jamás ningún problema con él. Pero la situación dio un giro de 180 grados cuando le nombraron Director de Marketing de todo el grupo. Un ascenso que me pilló a pie cambiado: la experiencia de Triay en marketing es prácticamente nula. Cuando me incorporé a Proa, le costaba diferenciar un post de Instagram de una historia, por poner un ejemplo. Sus conocimientos técnicos y culturales dentro de esa disciplina son inexistentes. Su promoción tan solo puede deberse a la siguiente razón: Triay es buen amigo del CEO de Proa, una dinámica que explica las recompensas y castigos se dan en esa empresa. Enchufismo puro y duro. Amiguismo. Aquí los méritos profesionales no cuentan. El ADN del grupo se vertebra a partir de esta filosofía. En el momento en que me notificó su nombramiento, Triay me regaló los oídos acerca de lo mucho que valoraba mi desempeño, y me dijo que me veía como responsable de contenidos del área de marketing. Me comunicó que él se imaginaba el departamento que iba a liderar con dos o tres figuras de referencia. Dos o tres cabezas pensantes que le reportaran directamente a él. Ahora comprendo que, fruto de sus inseguridades, desde el principio él ya buscaba aliados dentro de su propio equipo. Todos necesitamos apoyos. Pero Triay sabía que no iba a dar la talla, que no estaba preparado para el puesto, y quería encontrar socios en quien poder confiar si se veía solo en medio de su ineptitud. De todos modos, tampoco pretendo engañar a nadie: el reto me hizo ilusión. En ese instante, me lo tomé como un reconocimiento a mi trabajo. Además, me habló de una subida de sueldo y de la opción de tener coche de empresa. Pero todo se vino abajo en cuestión de algunos meses. Nada se cumplió. Triay hizo crecer el equipo de marketing de forma importante a base de contrataciones y más contrataciones. En su mente, él proyectaba una idea que compartió con nosotros en más de una ocasión: formar un departamento que llegara a convertirse, en un futuro, en una agencia de comunicación capaz de atraer a clientes externos que no tuvieran que ver con Proa. Un día llegamos a desperdiciar unas valiosas horas de trabajo en pensar un nombre para esa agencia imaginaria. Una pérdida total de tiempo. Una fantasmada. La verdad es que Triay llegó a reunir a un equipo muy majo de profesionales súper preparados. Ese es el único mérito que le acredito. Yo estaba contento porque todo pintaba fenomenal. Con el paso de las semanas, acabó comunicando mi nombramiento como responsable de manera oficial al resto de mis compañeros. Aunque nada quedase por escrito (error garrafal del que he aprendido muchas lecciones), ese mensaje acabó por transmitirse. No tuvo que transcurrir demasiado tiempo para que Triay se descubriera como un líder con numerosas carencias: sus conocimientos de marketing seguían sin mejorar y su gestión humana como responsable del departamento dejaba muchísimo que desear. El puesto le ha ido siempre grande. Enorme. La mayor parte de sus horas las dedica a una sola misión: que nadie pueda detectar sus flaquezas, que nadie llegue a deducir que no tiene ni idea de lo que hace. Es alguien que justifica su sueldo dando opiniones inadecuadas sobre el trabajo de sus subalternos. Mete las narices en asuntos mínimos y no está pendiente de sus verdaderos cometidos. Se escaquea constantemente. Por momentos, apenas deja respirar. Por otro lado, mientras todos los compañeros y compañeras fomentábamos el buen rollo (en la oficina siempre reinó entre nosotros un ambiente genial), Triay se veía totalmente desplazado del grupo. No encajaba, no entendía nuestras bromas, no participaba de nuestros comentarios, no cuajaba con nuestros códigos y lenguaje. Un distanciamiento que le fue apartando de nuestra rutina y de la parte más operativa del departamento. Entiendo en todo momento que un jefe, de vez en cuando, pueda verse un poco fuera de lugar en el día a día de su equipo. Un directivo de una empresa tan gigante como Proa tiene que concentrarse en fijar estrategias, en marcar objetivos, en cerrar presupuestos. Tiene que guiar y organizar. Pero ante la ausencia total de todas esas funciones que recaían en la figura de Triay, el departamento tiraba hacia adelante gracias al talento y profesionalidad de mis compañeros. Nunca fue por el consejo de Triay o por su visión. Y eso comenzó a preocuparme. Los problemas empezaron cuando empecé a comunicarle mis discrepancias. Triay siempre nos animaba a confrontarle, a decirle lo que pensábamos. De hecho, algunas veces se quejaba cuando veía que en las reuniones nadie rebatía sus comentarios. Pero cuando yo me puse a hacerlo, siempre con tacto, buenas formas y empatía, cambió su actitud conmigo de manera radical. Un comportamiento que se reforzó cuando le pedí que nos pasara briefings claros y sencillos para que pudiésemos desarrollar nuestras tareas con eficacia. Nunca lo hizo, diría que ni una sola vez. La información por su parte siempre nos llegaba tarde, a trozos y mal estructurada en un auténtico caos. Cuanto más le pedía que nos pasara los briefs en condiciones, menos lo hacía. Su cambio de postura conmigo se hizo más patente que nunca después de haber tenido alguna diferencia con él. Su frase siempre fue la misma, la repitió hasta la saciedad: "no estamos alineados". Su mantra favorito. Primero empezó a evitarme. Su comunicación conmigo fue desapareciendo poco a poco. Después me fue apartando de algunas reuniones sin explicación alguna. Luego me dijo que yo no podía discrepar en público con él. Me llegó a indicar que "si yo digo blanco, tú tienes que decir blanco. Y si yo digo negro, tú debes decir negro". Le hice saber que yo tenía que poder discrepar con él tanto en público como en privado, siempre y cuando las formas fueran correctas. Y siempre lo fueron. Pero jamás pudo soportar tener a alguien en el departamento que, de vez en cuando, pensara de manera diferente a la suya. Él no quiere trabajar con mentes con criterio. Quiere súbditos. Otro día llegó a transmitirme que una figura como la mía, la de responsable, tal vez ya no era necesaria en el departamento. Creo que me atrevería a decir (no lo sé con certeza porque nunca lo comunicó, como tantas otras cosas de las que jamás informó a nadie), que llegó a degradarme. Un buen día me hizo responsable de contenidos y meses más tarde me quitó del puesto. Así, sin más. "Porque no estamos alineados". Al final ya directamente me enteraba de algunas cosas por mis compañeros porque él no era capaz de decírmelas. Me apartó del proyecto para el cual me fichó en 2022, y lo supe a través de una compañera mía. Triay jamás tuvo el valor de comunicármelo. Era el mismo proyecto que yo mismo le ayudé a levantar trabajando codo con codo. A destajo. Los dos. Cada día. Ni siquiera tuvo el coraje de decirme "tú ya no participas en esto". Lo supe a través de terceros y por lo que veían mis ojos. Le costaba muchísimo predicar con el ejemplo. Tuvimos que aprender a utilizar Teamwork (un gestor de proyectos) para reflejar en esa herramienta todas nuestras tareas. Teníamos que registrar el tiempo que nos llevaba realizarlas para que él pudiese controlar lo que hacíamos. Mientras todo el equipo se acostumbraba a usar ese software, él nunca aprendió a manejarlo. También nos insistía en que teníamos que enviar briefs que fueran exhaustivos y cristalinos. Él, como he dicho antes, nunca fue capaz de redactar ninguno. Por otro lado, nos dejaba teletrabajar un día a la semana sin contar los lunes o los viernes. Un día le oí decir que "si teletrabajas los lunes o los viernes, el fin de semana se alarga mucho". Sin embargo, Triay sí que podía currar en remoto los viernes porque, claro, es el jefe. Bonita manera de dar ejemplo. Una de las gotas que colmó mi vaso (una de tantas) fue cuando un día soltó que en la oficina, aparte de él, no había nadie más que fuese senior. No tenía en ninguna consideración los años de experiencia que algunos hemos ido acumulando a lo largo del tiempo. Sin tener ni idea de lo que hablaba, desdeñaba la trayectoria que algunos hemos tenido en diferentes empresas y en el mundo freelance. Lo hacía para sentirse por encima de los demás cuando la realidad nos dice lo contrario: el más junior de esa oficina es él. Pocas semanas antes de que llegara mi último día en Proa, me invitó a comer. Yo ya estaba mal en la empresa desde hacía tiempo por todo lo que acabo de manifestar, y él lo percibía. Dos meses atrás, una compañera nuestra había dejado el trabajo y Triay, delante de todo el equipo, nos hizo una propuesta. Nos pidió que si alguien más estaba en situación de irse, o en búsqueda de trabajo, se lo comunicáramos. De esta manera, tal vez se podrían encontrar soluciones para evitar más marchas como aquella. Eso fue lo que hice en esa comida: le dije que no estaba bien. Tres semanas más tarde, Triay me convocó a una reunión por Teams a la que tituló "Creación de contenido". Cuando me dirigí a la sala en la que él me esperaba, me lo encontré sentado en una mesa con la Directora de RRHH. Me estaban despidiendo por primera vez en mi vida. Este fue el resultado de aquella comida con él, cuando nos invitó a que nos abriésemos en canal para contarle que estábamos mal. Fui honesto y me despidió sin apenas mirarme a la cara, después de haber trabajado de forma muy estrecha con él a lo largo de más de tres años. En algunos momentos llegué a ser su persona de confianza, casi su mano derecha. Ni siquiera lo tuvo en cuenta cuando me hizo esa encerrona. Alegó que en el departamento se iban a dar cambios y que mi figura no se iba a adaptar a ellos. Además, me dijo que me veía mal desde hacía tiempo (se lo dije en la comida) y que él y yo ya no estábamos alineados. Otra vez. Alineados. La conclusión que yo saco de todo esto es otra, y es la versión que no quiso contarme porque eso hubiese significado decir la verdad, y la verdad incomoda. Me echó a la calle por decirle lo que pienso.

2
2.0
14 Aug 2025
Recommend
CEO approval
Business outlook

Pros

Más allá de algún descuento en seguros de automóvil ninguna.

Cons

Empresa chapada a la antigua. Poco interés en el empleado y en su estado emocional. Recursos humano inexistente. Lameculismos como nunca antes visto. 95% de la plantilla hombres y chapados a la antigua. Comentarios desafortunados todos los días. Oasis para los nostálgicos.

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